martes, 31 de agosto de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Retratos de una lobotomía
Luego de que Nicolás me llevara de la mano hasta el campo más lejano de la ciudad sentí el mayor miedo que se me pudiera ocurrir. Le dije que nos sentáramos en la grama para poder ver el azul celeste del cielo, él me respondió:
- En ese sentido eres algo extraña- con su típica ceja levantada.
- Creo que escuchaste que me gusta ser diferente a tus demás mujeres. Si yo fuera una de ellas, ya me hubieras quitado toda la ropa - le dije con la voz más sincera y rencorosa, y no replicó.
El alma más orgullosa del mundo se acostó en el suelo frente a mis ojos, hice lo mismo, y me coloqué de costado. Me miró a los ojos los cuatro minutos más largos de mi vida y sus miradas acariciaban mis brazos, obligándome a acercarme más, como si sus mejillas fueran un imán para mis labios. El origen de mis pensamientos del día de ayer me dijo que me quería, y que si le dejaba besar mi cuello, no le respondí y el procedió a hacer lo que quiso.
A continuación de un prólogo de besos y versos nos quedamos paralizados, se dignó a rozar sus labios con los míos y sus pestañas bailaban con mis pupilas en completa dilatación. Sus sueños y mis épicas ilusiones se enamoraron de velada en velada, como los enamorados con bufandas que vi en los puentes de París el año pasado.
Apasionados los roces que dieron sus labios con los míos, vehementes miradas que observaban, el verde claro y las pestañas más rectas.
El rostro más simétrico y difícil de dibujar con mis pensamientos, sin pincel, sin acuarelas, me bastaba con saber las notas con las que toca el chelo, y la guitarra, y el violín, pero no necesito saber cómo es que logra tocar todas las pieles de mi mundo.
Jamás conseguiré dibujar a Nicolás, pues sus lápices no están hechos del mismo grafito que los míos, no puedo dibujar su boca con la yema de mis dedos sólo porque me provoca, no puedo tocar sus manos, tampoco puedo besar sus ojos, porque no lloran por mí. Es complicado confiar en la voluntad de los dedos que tocan los corazones ajenos y no es el mío, no es el tuyo, es el de unas, y fugarse en busca de aquellos labios que no apreciaron su palabra, su vida y su canto de mañanas en prosa.
-¡Qué lástima!- saber que no tiene idea de cómo amarrar a las mujeres a su colchón, ni como esconderlas, ni como complacerlas, ni como huir de sus gritos, ni como besarles el alma, ni como enredar los brazos con sus ilusiones, ni como besarme sin pensar que el destino no adhiere a dos simples personas. Tú y yo. Buenas noches Nicolás. Suerte con tu lobotomía.
- En ese sentido eres algo extraña- con su típica ceja levantada.
- Creo que escuchaste que me gusta ser diferente a tus demás mujeres. Si yo fuera una de ellas, ya me hubieras quitado toda la ropa - le dije con la voz más sincera y rencorosa, y no replicó.
El alma más orgullosa del mundo se acostó en el suelo frente a mis ojos, hice lo mismo, y me coloqué de costado. Me miró a los ojos los cuatro minutos más largos de mi vida y sus miradas acariciaban mis brazos, obligándome a acercarme más, como si sus mejillas fueran un imán para mis labios. El origen de mis pensamientos del día de ayer me dijo que me quería, y que si le dejaba besar mi cuello, no le respondí y el procedió a hacer lo que quiso.
A continuación de un prólogo de besos y versos nos quedamos paralizados, se dignó a rozar sus labios con los míos y sus pestañas bailaban con mis pupilas en completa dilatación. Sus sueños y mis épicas ilusiones se enamoraron de velada en velada, como los enamorados con bufandas que vi en los puentes de París el año pasado.
Apasionados los roces que dieron sus labios con los míos, vehementes miradas que observaban, el verde claro y las pestañas más rectas.
El rostro más simétrico y difícil de dibujar con mis pensamientos, sin pincel, sin acuarelas, me bastaba con saber las notas con las que toca el chelo, y la guitarra, y el violín, pero no necesito saber cómo es que logra tocar todas las pieles de mi mundo.
Jamás conseguiré dibujar a Nicolás, pues sus lápices no están hechos del mismo grafito que los míos, no puedo dibujar su boca con la yema de mis dedos sólo porque me provoca, no puedo tocar sus manos, tampoco puedo besar sus ojos, porque no lloran por mí. Es complicado confiar en la voluntad de los dedos que tocan los corazones ajenos y no es el mío, no es el tuyo, es el de unas, y fugarse en busca de aquellos labios que no apreciaron su palabra, su vida y su canto de mañanas en prosa.
-¡Qué lástima!- saber que no tiene idea de cómo amarrar a las mujeres a su colchón, ni como esconderlas, ni como complacerlas, ni como huir de sus gritos, ni como besarles el alma, ni como enredar los brazos con sus ilusiones, ni como besarme sin pensar que el destino no adhiere a dos simples personas. Tú y yo. Buenas noches Nicolás. Suerte con tu lobotomía.
Calumnias. Calumnias. Pasado
Ahí estas tu. Sentada en tu silla como si nada ocurriera en el mundo. Pero, tu mundo, como el de los locos es perfectamente igual. Concéntrate en tu trabajo, no pienses más en tu felicidad, piensa en lo perfecto que se ve tu cabello hoy.
Esta eres tú. Abriendo un libro y escribiendo líneas que no son tan agradables para otros. Cerrando libros y abriendo revistas. Escribiendo diarios y guardando lapices en su lapicero. Nunca pensaste que estarías así. Nunca pensaste que no terminarías de leer y releer el libro de tu vida. Tu vida es miserable. Tu vida no vale: palabras tuyas.
Ahora estás como si nada pasara por tu mente, solo haces lo que tienes que hacer y no lo que quieres hacer. Anda, no pienses tanto en la perfección y aspiraciones de los demás y no empieces a pensar en las tuyas, emplea lo que planeaste para ti, porque sabes que eres especial. Sabes que eres única, sabes que eres lo más perfecto que un hombre puede conocer, tocar y querer. Eres lo más perfecto. Eres lo que resalta en una multitud. Sonríe por favor.
Sus hombros, su cabello, sus ojos, su cuello, su boca. Qué hombre no va a querer enredar sus brazos en su cuello y con su boca rozar sus labios perfectamente definidos. Acariciar ese cabello rojizo y a la vez castaño; con sus brazos puede llegar a alcanzar hasta su alma si quiere. Ella es la clase de mujer que no la ven superficialmente, solo centran en su interior, y repele, por la tristeza y espíritu que refleja. Esa mujer no es cualquier mujer, es el mismo espejo con el que me veo todos los días, sólo que con una pizca de pesimismo y diversión a la vez.
Ella, es un chiste que se desenvuelve en el rostro de cualquiera, pero no da risa, da ternura y sensación de constancia. Ella es uno de los fantasmas que quiero conocer, que quiero adular. Ésta, tan artificial como real no con el tacto, sino con el intercambio de alientos, es la mayor expresión que puedo escribir en una hoja de papel. No me alcanzarían ni mil hojas para escribirte. No eres mi inspiración lo admito, pero eres aquella mujer que quiero como a nadie, y no sé la razón. Te quiero cuando estás parada, sentada, de un lado, así te quiero. Quiero hacerte feliz.
Por favor no dejes de ser tú. No cambies lo que suspiras, no te arrepientas de lo que eres: el perfecto reflejo de la tristeza, de cualquier columpio solitario en el parque, la risa de un niño cuando hace un dibujo, la felicidad de cumplir una meta, tan, pero tan igual a la vida que conocemos, que te describe perfectamente.
Quiero hacerte feliz pequeña con alma de joven y espíritu de adulto.
(A alguna mujer en el mundo).
Esta eres tú. Abriendo un libro y escribiendo líneas que no son tan agradables para otros. Cerrando libros y abriendo revistas. Escribiendo diarios y guardando lapices en su lapicero. Nunca pensaste que estarías así. Nunca pensaste que no terminarías de leer y releer el libro de tu vida. Tu vida es miserable. Tu vida no vale: palabras tuyas.
Ahora estás como si nada pasara por tu mente, solo haces lo que tienes que hacer y no lo que quieres hacer. Anda, no pienses tanto en la perfección y aspiraciones de los demás y no empieces a pensar en las tuyas, emplea lo que planeaste para ti, porque sabes que eres especial. Sabes que eres única, sabes que eres lo más perfecto que un hombre puede conocer, tocar y querer. Eres lo más perfecto. Eres lo que resalta en una multitud. Sonríe por favor.
Sus hombros, su cabello, sus ojos, su cuello, su boca. Qué hombre no va a querer enredar sus brazos en su cuello y con su boca rozar sus labios perfectamente definidos. Acariciar ese cabello rojizo y a la vez castaño; con sus brazos puede llegar a alcanzar hasta su alma si quiere. Ella es la clase de mujer que no la ven superficialmente, solo centran en su interior, y repele, por la tristeza y espíritu que refleja. Esa mujer no es cualquier mujer, es el mismo espejo con el que me veo todos los días, sólo que con una pizca de pesimismo y diversión a la vez.
Ella, es un chiste que se desenvuelve en el rostro de cualquiera, pero no da risa, da ternura y sensación de constancia. Ella es uno de los fantasmas que quiero conocer, que quiero adular. Ésta, tan artificial como real no con el tacto, sino con el intercambio de alientos, es la mayor expresión que puedo escribir en una hoja de papel. No me alcanzarían ni mil hojas para escribirte. No eres mi inspiración lo admito, pero eres aquella mujer que quiero como a nadie, y no sé la razón. Te quiero cuando estás parada, sentada, de un lado, así te quiero. Quiero hacerte feliz.
Por favor no dejes de ser tú. No cambies lo que suspiras, no te arrepientas de lo que eres: el perfecto reflejo de la tristeza, de cualquier columpio solitario en el parque, la risa de un niño cuando hace un dibujo, la felicidad de cumplir una meta, tan, pero tan igual a la vida que conocemos, que te describe perfectamente.
Quiero hacerte feliz pequeña con alma de joven y espíritu de adulto.
(A alguna mujer en el mundo).
viernes, 13 de agosto de 2010
Mi invitado suicida
Finalmente: Ojalá pudiera ser un cristal, un sencillo y tierno cristal.
Pudiera ser una fría y triste peña.
O solamente ser un pañuelo exangüe de nubes para abatirse encima de todas las ideas de esta ciudad.
Un libro abierto.
Una hoja rota.
Un lápiz sin plomada.
Un cero aplastado por un tres al revés.
Un teatro de celos en la esquina de los que musitan.
Una nota de cita a las ocho en el espejo imaginario.
Son las ocho con un segundo. Toca la música, toca una página, toca tres palabras, toca nueve, toca el diez celoso del uno, bailarle los ojos al cinco es una distracción bastante entretenida para estas épocas de silencio. Pero él no tiene relojes para eso. Se irá y regresará más tarde.
Mi invitado es ininteligible, vigorizante y vivificante; él me dijo a las cuatro y parapeto que su hermana vivía en el ciruelillo de la casa en Delancey, nadie sabía por qué. Luego de un tiempo me dijo que una mañana del lunes su hermana no estaba y dejó un pequeño sobre en blanco, no había carta, solo fotografías de un gato blanco con un tazón de leche a un costado, y la sombra de un niño que grita. Pero no sabe si llora, o si ríe o si se burla. Él es bastante mentiroso, pero me agrada. Hay veces en las que me habla sobre historias de escritores famosos y las compara con su propio día a día. Un martes fue corriendo desde la parada de autobús, tropezó con un buzón y siguió corriendo hasta el jardín de la esquina, donde hay una flor azul. -Oh, que hermosa flor… como el cielo,como el cristal como el sol-
Cada miércoles él va al café anónimo y pide siempre dos coñac y no recibe el cambio . Cuando se sienta saca de su bolsillo hojas de papel arrugadas y escribe versos como:
“Le saisir, prendre des risques, profiter, apprendre, connaître, vivre.”
Los observa, los acomoda y los coloca en su pantalón para sacarlos nuevamente el próximo miércoles.
El once de algún mes me dijo que estaba enfermo de salud -pues ni modo que de sueños- y además, se estaba muriendo de felicidad. En mismo día lo acompañé a sus clases de escritura y cuando salimos me gritó en el oído que amaba las palabras. A lo que le respondo con bastante curiosidad: es una confusión dulce y él me susurró al párpado que con ellas puede inventar todo un cosmos de agua, olas, Portugal y revistas pornográficas con un ojo cerrado y el que queda ideando como salir de una caja encalada, pero en fin, si las palabras son para escribir, leer y compartir errores no necesitas un universo de vainilla.
Hay veces que pienso que él es mi moneda, un amuleto irracional, mi mariposa sin alas, pero es mi sello, yo la cara de plata sin duda. Estas palabras me regocijan, me agradan. Buenas noches, sello suicida. Buenos días, mi invitado. Hasta luego y hasta la vista -ya es más tarde-.
Y ojalá pudiera ser un cristal roto, un sencillo e inocente cristal. Vaya clemencia.
Pudiera ser una fría y triste peña.
O solamente ser un pañuelo exangüe de nubes para abatirse encima de todas las ideas de esta ciudad.
Un libro abierto.
Una hoja rota.
Un lápiz sin plomada.
Un cero aplastado por un tres al revés.
Un teatro de celos en la esquina de los que musitan.
Una nota de cita a las ocho en el espejo imaginario.
Son las ocho con un segundo. Toca la música, toca una página, toca tres palabras, toca nueve, toca el diez celoso del uno, bailarle los ojos al cinco es una distracción bastante entretenida para estas épocas de silencio. Pero él no tiene relojes para eso. Se irá y regresará más tarde.
Mi invitado es ininteligible, vigorizante y vivificante; él me dijo a las cuatro y parapeto que su hermana vivía en el ciruelillo de la casa en Delancey, nadie sabía por qué. Luego de un tiempo me dijo que una mañana del lunes su hermana no estaba y dejó un pequeño sobre en blanco, no había carta, solo fotografías de un gato blanco con un tazón de leche a un costado, y la sombra de un niño que grita. Pero no sabe si llora, o si ríe o si se burla. Él es bastante mentiroso, pero me agrada. Hay veces en las que me habla sobre historias de escritores famosos y las compara con su propio día a día. Un martes fue corriendo desde la parada de autobús, tropezó con un buzón y siguió corriendo hasta el jardín de la esquina, donde hay una flor azul. -Oh, que hermosa flor… como el cielo,
Cada miércoles él va al café anónimo y pide siempre dos coñac y no recibe el cambio . Cuando se sienta saca de su bolsillo hojas de papel arrugadas y escribe versos como:
“Le saisir, prendre des risques, profiter, apprendre, connaître, vivre.”
Los observa, los acomoda y los coloca en su pantalón para sacarlos nuevamente el próximo miércoles.
El once de algún mes me dijo que estaba enfermo de salud -pues ni modo que de sueños- y además, se estaba muriendo de felicidad. En mismo día lo acompañé a sus clases de escritura y cuando salimos me gritó en el oído que amaba las palabras. A lo que le respondo con bastante curiosidad: es una confusión dulce y él me susurró al párpado que con ellas puede inventar todo un cosmos de agua, olas, Portugal y revistas pornográficas con un ojo cerrado y el que queda ideando como salir de una caja encalada, pero en fin, si las palabras son para escribir, leer y compartir errores no necesitas un universo de vainilla.
Hay veces que pienso que él es mi moneda, un amuleto irracional, mi mariposa sin alas, pero es mi sello, yo la cara de plata sin duda. Estas palabras me regocijan, me agradan. Buenas noches, sello suicida. Buenos días, mi invitado. Hasta luego y hasta la vista -ya es más tarde-.
Y ojalá pudiera ser un cristal roto, un sencillo e inocente cristal. Vaya clemencia.
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