Ahí estas tu. Sentada en tu silla como si nada ocurriera en el mundo. Pero, tu mundo, como el de los locos es perfectamente igual. Concéntrate en tu trabajo, no pienses más en tu felicidad, piensa en lo perfecto que se ve tu cabello hoy.
Esta eres tú. Abriendo un libro y escribiendo líneas que no son tan agradables para otros. Cerrando libros y abriendo revistas. Escribiendo diarios y guardando lapices en su lapicero. Nunca pensaste que estarías así. Nunca pensaste que no terminarías de leer y releer el libro de tu vida. Tu vida es miserable. Tu vida no vale: palabras tuyas.
Ahora estás como si nada pasara por tu mente, solo haces lo que tienes que hacer y no lo que quieres hacer. Anda, no pienses tanto en la perfección y aspiraciones de los demás y no empieces a pensar en las tuyas, emplea lo que planeaste para ti, porque sabes que eres especial. Sabes que eres única, sabes que eres lo más perfecto que un hombre puede conocer, tocar y querer. Eres lo más perfecto. Eres lo que resalta en una multitud. Sonríe por favor.
Sus hombros, su cabello, sus ojos, su cuello, su boca. Qué hombre no va a querer enredar sus brazos en su cuello y con su boca rozar sus labios perfectamente definidos. Acariciar ese cabello rojizo y a la vez castaño; con sus brazos puede llegar a alcanzar hasta su alma si quiere. Ella es la clase de mujer que no la ven superficialmente, solo centran en su interior, y repele, por la tristeza y espíritu que refleja. Esa mujer no es cualquier mujer, es el mismo espejo con el que me veo todos los días, sólo que con una pizca de pesimismo y diversión a la vez.
Ella, es un chiste que se desenvuelve en el rostro de cualquiera, pero no da risa, da ternura y sensación de constancia. Ella es uno de los fantasmas que quiero conocer, que quiero adular. Ésta, tan artificial como real no con el tacto, sino con el intercambio de alientos, es la mayor expresión que puedo escribir en una hoja de papel. No me alcanzarían ni mil hojas para escribirte. No eres mi inspiración lo admito, pero eres aquella mujer que quiero como a nadie, y no sé la razón. Te quiero cuando estás parada, sentada, de un lado, así te quiero. Quiero hacerte feliz.
Por favor no dejes de ser tú. No cambies lo que suspiras, no te arrepientas de lo que eres: el perfecto reflejo de la tristeza, de cualquier columpio solitario en el parque, la risa de un niño cuando hace un dibujo, la felicidad de cumplir una meta, tan, pero tan igual a la vida que conocemos, que te describe perfectamente.
Quiero hacerte feliz pequeña con alma de joven y espíritu de adulto.
(A alguna mujer en el mundo).
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