Estoy casi al borde de la decadencia con mi monótona inestabilidad emocional. La felicidad, es una de mis peores armas; la cobardía, mi fiel refugio.
En mi escritorio reposan todos mis papeles, mis lápices y mis ideas.
Cuando voy a escribir sobre mis melodramas me pregunto si algún día reposaran en mi escritorio o se iran en busca de nuevas ideas.
Estoy harta de mis teorías sobre la vida y de mi supremacía al pensar que un día me sentaré, escribiré, leeré y rozaré todo aquello que sueñe con dar por acabado mis deseos de ostentar mi propia felicidad.
Te considero tanto como la homologa que despegaron de mi al nacer.
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