domingo, 22 de agosto de 2010

Retratos de una lobotomía

Luego de que Nicolás me llevara de la mano hasta el campo más lejano de la ciudad sentí el mayor miedo que se me pudiera ocurrir. Le dije que nos sentáramos en la grama para poder ver el azul celeste del cielo, él me respondió:

- En ese sentido eres algo extraña- con su típica ceja levantada.
- Creo que escuchaste que me gusta ser diferente a tus demás mujeres. Si yo fuera una de ellas, ya me hubieras quitado toda la ropa - le dije con la voz más sincera y rencorosa, y no replicó.

El alma más orgullosa del mundo se acostó en el suelo frente a mis ojos, hice lo mismo, y me coloqué de costado. Me miró a los ojos los cuatro minutos más largos de mi vida y sus miradas acariciaban mis brazos, obligándome a acercarme más, como si sus mejillas fueran un imán para mis labios. El origen de mis pensamientos del día de ayer me dijo que me quería, y que si le dejaba besar mi cuello, no le respondí y el procedió a hacer lo que quiso.

A continuación de un prólogo de besos y versos nos quedamos paralizados, se dignó a rozar sus labios con los míos y sus pestañas bailaban con mis pupilas en completa dilatación. Sus sueños y mis épicas ilusiones se enamoraron de velada en velada, como los enamorados con bufandas que vi en los puentes de París el año pasado.

Apasionados los roces que dieron sus labios con los míos, vehementes miradas que observaban, el verde claro y las pestañas más rectas.
El rostro más simétrico y difícil de dibujar con mis pensamientos, sin pincel, sin acuarelas, me bastaba con saber las notas con las que toca el chelo, y la guitarra, y el violín, pero no necesito saber cómo es que logra tocar todas las pieles de mi mundo.

Jamás conseguiré dibujar a Nicolás, pues sus lápices no están hechos del mismo grafito que los míos, no puedo dibujar su boca con la yema de mis dedos sólo porque me provoca, no puedo tocar sus manos, tampoco puedo besar sus ojos, porque no lloran por mí. Es complicado confiar en la voluntad de los dedos que tocan los corazones ajenos y no es el mío, no es el tuyo, es el de unas, y fugarse en busca de aquellos labios que no apreciaron su palabra, su vida y su canto de mañanas en prosa.

-¡Qué lástima!- saber que no tiene idea de cómo amarrar a las mujeres a su colchón, ni como esconderlas, ni como complacerlas, ni como huir de sus gritos, ni como besarles el alma, ni como enredar los brazos con sus ilusiones, ni como besarme sin pensar que el destino no adhiere a dos simples personas. Tú y yo. Buenas noches Nicolás. Suerte con tu lobotomía.

2 comentarios: