Lykaios, un malaventurado coleóptero ha dejado la Tierra en el segundo aequinoctĭum de la misma para sufrir solemnemente la pérdida de su alma gemela llamada Odessa, una mariposa preciosa con la que tuvo la oportunidad de compartir una gota de rocío unas breves horas. Ya al saber que un kilómetro los separaba el valiente Lykaios escribe una necrológica irritante para Odessa, y ésta al encantarse se pone sus alas fosforescentes y sale volando dejando humillada la voluptuosa voluntad del desconocido.
Antes de arrepentirse, Lykaios deja atrás todos los pesares, construye una redecilla para cazar mariposas y se desdobla en una obscura sombra detrás de la inocente Odessa, quien muy asustada le sella los labios con un fuerte beso para huir de la terrible sombra que le aguardaba cercanamente, pero eso no sirve. No sirve en lo absoluto, pues la pobre Odessa queda atrapada en dos cuadros de plástico rodeados por una bola de cristal. En eso llega Panthea, la luciérnaga celosa de familia, que con su estridente luz termina su entrada triunfal cegando los ojos y quemando las pestañas del vil secuestrador de mariposas ficcionarias, logrando la venganza en honor de la mariposa.
A pesar de todo, Odessa sigue desfilando sus alas distópicas en su cosmos de cristal, siendo realista como es debido, estupefaciente en las acciones, hasta el último segundo en esta vasta realidad, recogiendo cerezos en cada flor donde se hospeda su belleza, limpiando las caricias falsas, imputando injusticias y borrando por completo las sombras de algún pasado o presente húmedo. Sin magia ni ilusión, todo había desaparecido. Desolación eléctrica, evaporación filosófica.
Fatuo de lo sucedido, Lykaios no se arrepiente de que el hecho de volar hacia otra dirección como la luciérnaga Panthea -con el fin de escapar de la ausencia de relojes para odontólogos impuntuales- haya dado resultado. Un resultado divino y sublime, ya que las líneas del camino se cruzaron con caracoles playeros para localizar el vivo secreto, donde el protagonista de esta desdicha encontró la manera de sobrevivir ante una impetuosa semana repleta de libros (muchos libros rojos), huesos rotos, amapolas, joyas portuguesas, paréntesis reclinados y la venturosa satisfacción de haber llegado a tiempo a una cita.
Ya al no saber que absorber de las palabras, Lykaios, audazmente, se recuesta sobre el trozo de crisálida de la mariposa y duda si llovería de nuevo, pero eso no tiene importancia. Sólo pensaba si encontraría de nuevo aquellas flechas; rosas o caracoles que lo condujeron al sabor victorioso de comprender al fin que sólo en la oscuridad se ve la tempestad de un aguacero virgen (las casualidades) y que no solamente en las saetas accidentales está el utópico y sucio destino, sino que el verdadero displacer de tropezar con flores ficcionarias está en los actos ligeramente convencionales y escritos en mayúscula: El café, entendimientos, accidentes, serendipia, nihilismo y el ruin retroceso a los puntos de partida.
viernes, 24 de septiembre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Retratos de una lobotomía
Luego de que Nicolás me llevara de la mano hasta el campo más lejano de la ciudad sentí el mayor miedo que se me pudiera ocurrir. Le dije que nos sentáramos en la grama para poder ver el azul celeste del cielo, él me respondió:
- En ese sentido eres algo extraña- con su típica ceja levantada.
- Creo que escuchaste que me gusta ser diferente a tus demás mujeres. Si yo fuera una de ellas, ya me hubieras quitado toda la ropa - le dije con la voz más sincera y rencorosa, y no replicó.
El alma más orgullosa del mundo se acostó en el suelo frente a mis ojos, hice lo mismo, y me coloqué de costado. Me miró a los ojos los cuatro minutos más largos de mi vida y sus miradas acariciaban mis brazos, obligándome a acercarme más, como si sus mejillas fueran un imán para mis labios. El origen de mis pensamientos del día de ayer me dijo que me quería, y que si le dejaba besar mi cuello, no le respondí y el procedió a hacer lo que quiso.
A continuación de un prólogo de besos y versos nos quedamos paralizados, se dignó a rozar sus labios con los míos y sus pestañas bailaban con mis pupilas en completa dilatación. Sus sueños y mis épicas ilusiones se enamoraron de velada en velada, como los enamorados con bufandas que vi en los puentes de París el año pasado.
Apasionados los roces que dieron sus labios con los míos, vehementes miradas que observaban, el verde claro y las pestañas más rectas.
El rostro más simétrico y difícil de dibujar con mis pensamientos, sin pincel, sin acuarelas, me bastaba con saber las notas con las que toca el chelo, y la guitarra, y el violín, pero no necesito saber cómo es que logra tocar todas las pieles de mi mundo.
Jamás conseguiré dibujar a Nicolás, pues sus lápices no están hechos del mismo grafito que los míos, no puedo dibujar su boca con la yema de mis dedos sólo porque me provoca, no puedo tocar sus manos, tampoco puedo besar sus ojos, porque no lloran por mí. Es complicado confiar en la voluntad de los dedos que tocan los corazones ajenos y no es el mío, no es el tuyo, es el de unas, y fugarse en busca de aquellos labios que no apreciaron su palabra, su vida y su canto de mañanas en prosa.
-¡Qué lástima!- saber que no tiene idea de cómo amarrar a las mujeres a su colchón, ni como esconderlas, ni como complacerlas, ni como huir de sus gritos, ni como besarles el alma, ni como enredar los brazos con sus ilusiones, ni como besarme sin pensar que el destino no adhiere a dos simples personas. Tú y yo. Buenas noches Nicolás. Suerte con tu lobotomía.
- En ese sentido eres algo extraña- con su típica ceja levantada.
- Creo que escuchaste que me gusta ser diferente a tus demás mujeres. Si yo fuera una de ellas, ya me hubieras quitado toda la ropa - le dije con la voz más sincera y rencorosa, y no replicó.
El alma más orgullosa del mundo se acostó en el suelo frente a mis ojos, hice lo mismo, y me coloqué de costado. Me miró a los ojos los cuatro minutos más largos de mi vida y sus miradas acariciaban mis brazos, obligándome a acercarme más, como si sus mejillas fueran un imán para mis labios. El origen de mis pensamientos del día de ayer me dijo que me quería, y que si le dejaba besar mi cuello, no le respondí y el procedió a hacer lo que quiso.
A continuación de un prólogo de besos y versos nos quedamos paralizados, se dignó a rozar sus labios con los míos y sus pestañas bailaban con mis pupilas en completa dilatación. Sus sueños y mis épicas ilusiones se enamoraron de velada en velada, como los enamorados con bufandas que vi en los puentes de París el año pasado.
Apasionados los roces que dieron sus labios con los míos, vehementes miradas que observaban, el verde claro y las pestañas más rectas.
El rostro más simétrico y difícil de dibujar con mis pensamientos, sin pincel, sin acuarelas, me bastaba con saber las notas con las que toca el chelo, y la guitarra, y el violín, pero no necesito saber cómo es que logra tocar todas las pieles de mi mundo.
Jamás conseguiré dibujar a Nicolás, pues sus lápices no están hechos del mismo grafito que los míos, no puedo dibujar su boca con la yema de mis dedos sólo porque me provoca, no puedo tocar sus manos, tampoco puedo besar sus ojos, porque no lloran por mí. Es complicado confiar en la voluntad de los dedos que tocan los corazones ajenos y no es el mío, no es el tuyo, es el de unas, y fugarse en busca de aquellos labios que no apreciaron su palabra, su vida y su canto de mañanas en prosa.
-¡Qué lástima!- saber que no tiene idea de cómo amarrar a las mujeres a su colchón, ni como esconderlas, ni como complacerlas, ni como huir de sus gritos, ni como besarles el alma, ni como enredar los brazos con sus ilusiones, ni como besarme sin pensar que el destino no adhiere a dos simples personas. Tú y yo. Buenas noches Nicolás. Suerte con tu lobotomía.
Calumnias. Calumnias. Pasado
Ahí estas tu. Sentada en tu silla como si nada ocurriera en el mundo. Pero, tu mundo, como el de los locos es perfectamente igual. Concéntrate en tu trabajo, no pienses más en tu felicidad, piensa en lo perfecto que se ve tu cabello hoy.
Esta eres tú. Abriendo un libro y escribiendo líneas que no son tan agradables para otros. Cerrando libros y abriendo revistas. Escribiendo diarios y guardando lapices en su lapicero. Nunca pensaste que estarías así. Nunca pensaste que no terminarías de leer y releer el libro de tu vida. Tu vida es miserable. Tu vida no vale: palabras tuyas.
Ahora estás como si nada pasara por tu mente, solo haces lo que tienes que hacer y no lo que quieres hacer. Anda, no pienses tanto en la perfección y aspiraciones de los demás y no empieces a pensar en las tuyas, emplea lo que planeaste para ti, porque sabes que eres especial. Sabes que eres única, sabes que eres lo más perfecto que un hombre puede conocer, tocar y querer. Eres lo más perfecto. Eres lo que resalta en una multitud. Sonríe por favor.
Sus hombros, su cabello, sus ojos, su cuello, su boca. Qué hombre no va a querer enredar sus brazos en su cuello y con su boca rozar sus labios perfectamente definidos. Acariciar ese cabello rojizo y a la vez castaño; con sus brazos puede llegar a alcanzar hasta su alma si quiere. Ella es la clase de mujer que no la ven superficialmente, solo centran en su interior, y repele, por la tristeza y espíritu que refleja. Esa mujer no es cualquier mujer, es el mismo espejo con el que me veo todos los días, sólo que con una pizca de pesimismo y diversión a la vez.
Ella, es un chiste que se desenvuelve en el rostro de cualquiera, pero no da risa, da ternura y sensación de constancia. Ella es uno de los fantasmas que quiero conocer, que quiero adular. Ésta, tan artificial como real no con el tacto, sino con el intercambio de alientos, es la mayor expresión que puedo escribir en una hoja de papel. No me alcanzarían ni mil hojas para escribirte. No eres mi inspiración lo admito, pero eres aquella mujer que quiero como a nadie, y no sé la razón. Te quiero cuando estás parada, sentada, de un lado, así te quiero. Quiero hacerte feliz.
Por favor no dejes de ser tú. No cambies lo que suspiras, no te arrepientas de lo que eres: el perfecto reflejo de la tristeza, de cualquier columpio solitario en el parque, la risa de un niño cuando hace un dibujo, la felicidad de cumplir una meta, tan, pero tan igual a la vida que conocemos, que te describe perfectamente.
Quiero hacerte feliz pequeña con alma de joven y espíritu de adulto.
(A alguna mujer en el mundo).
Esta eres tú. Abriendo un libro y escribiendo líneas que no son tan agradables para otros. Cerrando libros y abriendo revistas. Escribiendo diarios y guardando lapices en su lapicero. Nunca pensaste que estarías así. Nunca pensaste que no terminarías de leer y releer el libro de tu vida. Tu vida es miserable. Tu vida no vale: palabras tuyas.
Ahora estás como si nada pasara por tu mente, solo haces lo que tienes que hacer y no lo que quieres hacer. Anda, no pienses tanto en la perfección y aspiraciones de los demás y no empieces a pensar en las tuyas, emplea lo que planeaste para ti, porque sabes que eres especial. Sabes que eres única, sabes que eres lo más perfecto que un hombre puede conocer, tocar y querer. Eres lo más perfecto. Eres lo que resalta en una multitud. Sonríe por favor.
Sus hombros, su cabello, sus ojos, su cuello, su boca. Qué hombre no va a querer enredar sus brazos en su cuello y con su boca rozar sus labios perfectamente definidos. Acariciar ese cabello rojizo y a la vez castaño; con sus brazos puede llegar a alcanzar hasta su alma si quiere. Ella es la clase de mujer que no la ven superficialmente, solo centran en su interior, y repele, por la tristeza y espíritu que refleja. Esa mujer no es cualquier mujer, es el mismo espejo con el que me veo todos los días, sólo que con una pizca de pesimismo y diversión a la vez.
Ella, es un chiste que se desenvuelve en el rostro de cualquiera, pero no da risa, da ternura y sensación de constancia. Ella es uno de los fantasmas que quiero conocer, que quiero adular. Ésta, tan artificial como real no con el tacto, sino con el intercambio de alientos, es la mayor expresión que puedo escribir en una hoja de papel. No me alcanzarían ni mil hojas para escribirte. No eres mi inspiración lo admito, pero eres aquella mujer que quiero como a nadie, y no sé la razón. Te quiero cuando estás parada, sentada, de un lado, así te quiero. Quiero hacerte feliz.
Por favor no dejes de ser tú. No cambies lo que suspiras, no te arrepientas de lo que eres: el perfecto reflejo de la tristeza, de cualquier columpio solitario en el parque, la risa de un niño cuando hace un dibujo, la felicidad de cumplir una meta, tan, pero tan igual a la vida que conocemos, que te describe perfectamente.
Quiero hacerte feliz pequeña con alma de joven y espíritu de adulto.
(A alguna mujer en el mundo).
viernes, 13 de agosto de 2010
Mi invitado suicida
Finalmente: Ojalá pudiera ser un cristal, un sencillo y tierno cristal.
Pudiera ser una fría y triste peña.
O solamente ser un pañuelo exangüe de nubes para abatirse encima de todas las ideas de esta ciudad.
Un libro abierto.
Una hoja rota.
Un lápiz sin plomada.
Un cero aplastado por un tres al revés.
Un teatro de celos en la esquina de los que musitan.
Una nota de cita a las ocho en el espejo imaginario.
Son las ocho con un segundo. Toca la música, toca una página, toca tres palabras, toca nueve, toca el diez celoso del uno, bailarle los ojos al cinco es una distracción bastante entretenida para estas épocas de silencio. Pero él no tiene relojes para eso. Se irá y regresará más tarde.
Mi invitado es ininteligible, vigorizante y vivificante; él me dijo a las cuatro y parapeto que su hermana vivía en el ciruelillo de la casa en Delancey, nadie sabía por qué. Luego de un tiempo me dijo que una mañana del lunes su hermana no estaba y dejó un pequeño sobre en blanco, no había carta, solo fotografías de un gato blanco con un tazón de leche a un costado, y la sombra de un niño que grita. Pero no sabe si llora, o si ríe o si se burla. Él es bastante mentiroso, pero me agrada. Hay veces en las que me habla sobre historias de escritores famosos y las compara con su propio día a día. Un martes fue corriendo desde la parada de autobús, tropezó con un buzón y siguió corriendo hasta el jardín de la esquina, donde hay una flor azul. -Oh, que hermosa flor… como el cielo,como el cristal como el sol-
Cada miércoles él va al café anónimo y pide siempre dos coñac y no recibe el cambio . Cuando se sienta saca de su bolsillo hojas de papel arrugadas y escribe versos como:
“Le saisir, prendre des risques, profiter, apprendre, connaître, vivre.”
Los observa, los acomoda y los coloca en su pantalón para sacarlos nuevamente el próximo miércoles.
El once de algún mes me dijo que estaba enfermo de salud -pues ni modo que de sueños- y además, se estaba muriendo de felicidad. En mismo día lo acompañé a sus clases de escritura y cuando salimos me gritó en el oído que amaba las palabras. A lo que le respondo con bastante curiosidad: es una confusión dulce y él me susurró al párpado que con ellas puede inventar todo un cosmos de agua, olas, Portugal y revistas pornográficas con un ojo cerrado y el que queda ideando como salir de una caja encalada, pero en fin, si las palabras son para escribir, leer y compartir errores no necesitas un universo de vainilla.
Hay veces que pienso que él es mi moneda, un amuleto irracional, mi mariposa sin alas, pero es mi sello, yo la cara de plata sin duda. Estas palabras me regocijan, me agradan. Buenas noches, sello suicida. Buenos días, mi invitado. Hasta luego y hasta la vista -ya es más tarde-.
Y ojalá pudiera ser un cristal roto, un sencillo e inocente cristal. Vaya clemencia.
Pudiera ser una fría y triste peña.
O solamente ser un pañuelo exangüe de nubes para abatirse encima de todas las ideas de esta ciudad.
Un libro abierto.
Una hoja rota.
Un lápiz sin plomada.
Un cero aplastado por un tres al revés.
Un teatro de celos en la esquina de los que musitan.
Una nota de cita a las ocho en el espejo imaginario.
Son las ocho con un segundo. Toca la música, toca una página, toca tres palabras, toca nueve, toca el diez celoso del uno, bailarle los ojos al cinco es una distracción bastante entretenida para estas épocas de silencio. Pero él no tiene relojes para eso. Se irá y regresará más tarde.
Mi invitado es ininteligible, vigorizante y vivificante; él me dijo a las cuatro y parapeto que su hermana vivía en el ciruelillo de la casa en Delancey, nadie sabía por qué. Luego de un tiempo me dijo que una mañana del lunes su hermana no estaba y dejó un pequeño sobre en blanco, no había carta, solo fotografías de un gato blanco con un tazón de leche a un costado, y la sombra de un niño que grita. Pero no sabe si llora, o si ríe o si se burla. Él es bastante mentiroso, pero me agrada. Hay veces en las que me habla sobre historias de escritores famosos y las compara con su propio día a día. Un martes fue corriendo desde la parada de autobús, tropezó con un buzón y siguió corriendo hasta el jardín de la esquina, donde hay una flor azul. -Oh, que hermosa flor… como el cielo,
Cada miércoles él va al café anónimo y pide siempre dos coñac y no recibe el cambio . Cuando se sienta saca de su bolsillo hojas de papel arrugadas y escribe versos como:
“Le saisir, prendre des risques, profiter, apprendre, connaître, vivre.”
Los observa, los acomoda y los coloca en su pantalón para sacarlos nuevamente el próximo miércoles.
El once de algún mes me dijo que estaba enfermo de salud -pues ni modo que de sueños- y además, se estaba muriendo de felicidad. En mismo día lo acompañé a sus clases de escritura y cuando salimos me gritó en el oído que amaba las palabras. A lo que le respondo con bastante curiosidad: es una confusión dulce y él me susurró al párpado que con ellas puede inventar todo un cosmos de agua, olas, Portugal y revistas pornográficas con un ojo cerrado y el que queda ideando como salir de una caja encalada, pero en fin, si las palabras son para escribir, leer y compartir errores no necesitas un universo de vainilla.
Hay veces que pienso que él es mi moneda, un amuleto irracional, mi mariposa sin alas, pero es mi sello, yo la cara de plata sin duda. Estas palabras me regocijan, me agradan. Buenas noches, sello suicida. Buenos días, mi invitado. Hasta luego y hasta la vista -ya es más tarde-.
Y ojalá pudiera ser un cristal roto, un sencillo e inocente cristal. Vaya clemencia.
sábado, 10 de julio de 2010
Esta noche habrá frío, el día estará nublado y las rosas no florecen. Este día comienza con un: "Hoy es un buen día para desaparecer, quiero leer todos los libros del estante rojo empolvado, quiero sentir deseos de libertad, quiero viajar y disfrutar (la vida es tan corta, que no puedo darme el lujo de vivirla tan desgraciadamente). No quiero más noches en vela, no quiero ver mi nombre escrito en tu palma, no quiero vivir plácidamente mal."
martes, 6 de julio de 2010
‹‹No me gusta que te recuerden la desgracia con la que naciste, la pérdida de la memoria, pero cuando tu mente es frágil no existe ningún problema. Te gustan las hojas secas y tristes que caían de los árboles cercanos al puente que te lleva al infierno, la guarida de Danny, tu amante escondido, pero no lo sabes, no lo oculta, lo encuentra en el agujero de sus penas y olvidos, y ahí estás tú, tan pero tan estrecha y pesada en sus pensamientos, que ni mil versos trágicos ocuparían el espacio. Pero tú sabes, que no sabe que ocultas tu triste vida, tu mundo, que como el de los locos es perfectamente igual. Igual por tu mentalidad, igual por tu conocimiento, igual por tu tristeza, igual por tu diferencia, igual por tu lunes, igual por tu viernes, diferente por tu ausencia en la felicidad de la locura y el detalle de la esquizofrénica Danielle, tu vecina insoportable que le gusta regar las plantas, y no le gusta tocar el piano que le regalaron sus tíos en la navidad del 62 porque tiene un firme pensamiento de que los acordes de la música son una escalera sin final y sin retorno. >>
lunes, 5 de julio de 2010
‹‹Mi vida no tiene sentido sin pensar en mi propia felicidad, la felicidad de mi alrededor, pero, ¿Cómo es que me ayudo a no pensar en eso?
Las plazas que veo desde mi ventana, ¿estarán esperando a que alguien camine en ellas? No, son objetos, igual que el corazón, son objetos que sólo controlamos con nuestra... mi voluntad.
Soy una persona normal, de gustos normales, no soy importante, ni significo nada en la vida de nadie.
Mis noches y mis días son iguales desde que me fui de casa, aquello me deprimía tanto que busque el momento perfecto para marcharme, y es este; ahora soy libre de hacer lo que quiera sin que mi familia me reproche. Sueño con amor, la felicidad, y otras cosas que no están ahora al alcance de mi mano. Tengo obsesión por las historias, incluso espero algún día contar una de mí misma. Me gustan las palabras DECADENCIA, INMORTALIDAD, ESCAFANDRA, ÉXTASIS, y otras más. No me gusta que me digan que soy igual a las demás, ni ver a un hombre engañando a una mujer, ni una mujer opinando sin tener razón.
Todos los días vivo contradiciéndome: agua y aceite, esto y aquello, muerte y vida, escribir y leer, amor y odio. Y lo restante es puro ruido mental y canciones que hablan de amor. >>
Las plazas que veo desde mi ventana, ¿estarán esperando a que alguien camine en ellas? No, son objetos, igual que el corazón, son objetos que sólo controlamos con nuestra... mi voluntad.
Soy una persona normal, de gustos normales, no soy importante, ni significo nada en la vida de nadie.
Mis noches y mis días son iguales desde que me fui de casa, aquello me deprimía tanto que busque el momento perfecto para marcharme, y es este; ahora soy libre de hacer lo que quiera sin que mi familia me reproche. Sueño con amor, la felicidad, y otras cosas que no están ahora al alcance de mi mano. Tengo obsesión por las historias, incluso espero algún día contar una de mí misma. Me gustan las palabras DECADENCIA, INMORTALIDAD, ESCAFANDRA, ÉXTASIS, y otras más. No me gusta que me digan que soy igual a las demás, ni ver a un hombre engañando a una mujer, ni una mujer opinando sin tener razón.
Todos los días vivo contradiciéndome: agua y aceite, esto y aquello, muerte y vida, escribir y leer, amor y odio. Y lo restante es puro ruido mental y canciones que hablan de amor. >>
Corrientes sin viento
Las corrientes, las corrientes son mis impulsos a no hacer lo que no debo, pero me conmueve que el deseo sea mayor que la obligación. Me siento presa, presa en mis propios deseos efímeros, pasajeros, sin retorno, igual que una cadena de notas musicales en un piano. Sin retorno a la vida. Sin vuelta atrás al pasado, donde en la esquina de ilusión hacen el amor la pasión y el dolor, vaya resultado.
Amo cuando se dejan y se van, amo cuando gozan y se cansan, amo cuando las mentiras superan a la verdad y por consiguiente consigues una escena de celos de la cobardía y la libertad. El secreto se trata de comprender que mi escafandra no es más que pensamientos desequilibrados sobre mi alma.
Amo cuando se dejan y se van, amo cuando gozan y se cansan, amo cuando las mentiras superan a la verdad y por consiguiente consigues una escena de celos de la cobardía y la libertad. El secreto se trata de comprender que mi escafandra no es más que pensamientos desequilibrados sobre mi alma.
domingo, 4 de julio de 2010
Pasajes efímeros
Estoy casi al borde de la decadencia con mi monótona inestabilidad emocional. La felicidad, es una de mis peores armas; la cobardía, mi fiel refugio.
En mi escritorio reposan todos mis papeles, mis lápices y mis ideas.
Cuando voy a escribir sobre mis melodramas me pregunto si algún día reposaran en mi escritorio o se iran en busca de nuevas ideas.
Estoy harta de mis teorías sobre la vida y de mi supremacía al pensar que un día me sentaré, escribiré, leeré y rozaré todo aquello que sueñe con dar por acabado mis deseos de ostentar mi propia felicidad.
En mi escritorio reposan todos mis papeles, mis lápices y mis ideas.
Cuando voy a escribir sobre mis melodramas me pregunto si algún día reposaran en mi escritorio o se iran en busca de nuevas ideas.
Estoy harta de mis teorías sobre la vida y de mi supremacía al pensar que un día me sentaré, escribiré, leeré y rozaré todo aquello que sueñe con dar por acabado mis deseos de ostentar mi propia felicidad.
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